EL ELIXIR DE LA LARGA VIDA BALZAC PDF

Otra: -Adoro estar recostada sobre los almohadones pensando con embriaguez en aquellos que me adoran. Con cada aurora tomo una nueva existencia. Guardaba silencio. Era una inocente jovencita acostumbrada a jugar con las cosas sagradas. La noche era negra.

Author:Dairr Samur
Country:Australia
Language:English (Spanish)
Genre:Literature
Published (Last):9 January 2014
Pages:428
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ISBN:399-5-48034-290-5
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Otra: -Adoro estar recostada sobre los almohadones pensando con embriaguez en aquellos que me adoran. Con cada aurora tomo una nueva existencia. Guardaba silencio. Era una inocente jovencita acostumbrada a jugar con las cosas sagradas.

La noche era negra. Nunca hubo en la tierra un padre tan indulgente. Aquella escena contrastaba de tal modo con la que don Juan acababa de abandonar, que no pudo evitar un estremecimiento. Los ojos hundidos por la enfermedad guardaban una singular fijeza.

Todo estaba muerto menos los ojos. Todos los placeres de la vida, haz que se queden. Voy a renacer. Era un padre saliendo con rabia de un sepulcro para pedir venganza a Dios. El perro contemplaba con la boca abierta alternativamente a su amo muerto y el elixir, del mismo modo que don Juan miraba, ora a su padre, ora al frasco. Don Juan, sorprendido, estuvo a punto de dejar caer el frasco.

Ciertamente era una imagen de la vida. Don Juan, en un principio asediado por mil pensamientos, dudaba ante varias decisiones. Don Juan hizo un gesto y sus gentes se detuvieron, sobrecogidos, temblorosos. La estancia estaba sembrada de puntos llenos de fuego, de vida, de inteligencia.

Por todas partes brillaban ojos que ladraban a su alrededor. Sus esfuerzos fueron vanos. Haciendo inventario de las inmensas riquezas amasadas por el viejo orientalista, don Juan se hizo avaro. No procede de un dios. Su vida era una burla que abarcaba hombres, cosas, instituciones e ideas. En un momento libertino, la Rovere hubiera podido desdecirse y comentar el Apocalipsis.

Los atormento un poco. Pero estuvo jovial con ellos. Soy un gran pecador. En otro tiempo fui amigo del gran papa Julio II. He mantenido el secreto de este despilfarro del tesoro de la Iglesia, pero estoy autorizado a revelar el misterio a mi hijo, in articulo mortis. Esta idea me persigue. Las gentes del castillo acudieron, provistos de candelabros, como si la trompeta del juicio final hubiera sacudido el universo.

La multitud temblorosa vio a don Felipe desvanecido, pero retenido por el poderoso brazo de su padre, que le apretaba el cuello. Ante estas palabras, la cabeza hizo un gesto jocoso. Las amplias puertas de la iglesia se abrieron. A su alrededor brillaban numerosos cirios que lanzaban al aire ondas llameantes.

Todos los sacerdotes corrieron y rodearon a su soberano.

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El Elixir de Larga Vida, Honoré de Balzac

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EL ELIXIR DE LARGA VIDA

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